domingo, 13 de octubre de 2013

Sensatez: el papel no ha muerto.

Erwin: The Wise Cat
Los seres humanos somos tarados de nacimiento y por opción.

Se ve con claridad que nos resulta prácticamente imposible mantener el equilibrio; nos bandeamos de manera continua, como péndulos sempiternos.

Si no me creen, consulten a Erwin, The Wise Cat (Erwin, El Gato Sabio, que en inglés queda de lo más mejor).

Cómo será esto que hasta casi se ha perdido el sentido de la palabra sobriedad.

Miren si no:

sobriedad.
(Del lat. sobriĕtas, -ātis).
1. f. Cualidad de sobrio.

Este... eh... creo que hemos perdido la cualidad de sobrio; quizás sea mejor mirar por ahí.

sobrio, bria.
(Del lat. sobrĭus).
1. adj. Templado, moderado.
2. adj. Que carece de adornos superfluos.
3. adj. Dicho de una persona: Que no está borracha.


Ahora que lo pienso mejor, es muy probable que me refiera a la primera acepción, que no a la última por no venir al caso en este magnífico y ponderado artículo.

Si se nos da por la ecología, casi casi que tenemos que dejar de comer, o incluso dejar de vivir, para no arruinar el entorno ambiental que nos rodea y/o circunda: peces, pájaros, potros salvajes, hierbas tiernas, abuelas sesquicentenarias, botella vacía, trapo viejo, plomo, cobre, bronce, palo de escoba...

Me conmueve ver, en la imagen interpuesta, lo cuidadosos que somos con nuestro planeta, la Madre Tierra, ¿envuelta como para regalo? ¡No, no y no!: envuelta para el Reciclaje Intergaláctico.

¡¡ Verde, verde, a la onda verde !! Tome, señora, todo verde por dos pesos...

Si por el contrario, se nos da por la tecnología, podemos morir en el intento de ser más tecnosexuales que la Mona Lisa.

Según Google, otra fuente inagotable de sabiduría sempiterna como El Gato Erwin, un tecnosexual vendría a ser algo (no alguien, por favor, faltaba más) así como un "dandy narcisista que no sólo se gusta a sí mismo, si no a quien también le gustan el modo de vida urbano y los aparatos electrónicos; un heterosexual en común unión con su lado femenino y que se siente atraído por la electrónica, como celulares, tabletas, computadoras, programas informáticos, Internet", androides, robots y, porqué no, autitos a cuerda desvencijados.

Una acepción más sencillita, como hecha en casa (¡home-made, bestia bruta!), dice que un tecnosexual es una persona que siente atracción por las máquinas, como en el caso del fetichismo por los robots. Cuando se usa con este significado, es una contracción de "tecnófilo" y "sexual", a diferencia de la enunciación anterior que sería también la contracción de tecnófilo pero, en esta vuelta, con metrosexual.

Nota: si quieren seguir delirando con definiciones, búsquenlas Uds. mismos, ¿vale?

La cuestión esencial, válida para todo ser humano en todo tiempo y lugar, es mantener el equilibrio, andar por el justo medio, equidistantes de los extremos.

Cada vez que nos desviamos tan sólo sea un pelín (un poco), comenzamos a meter la pata a lo bestia, andamos a los trompicones, volteamos como barriletes sin cola.

En una palabra, mejor dicho, en varias palabras, hemos perdido el rumbo, el sentido, la noción sensata, el sendero correcto, o sea. Se nos cayó la brújula en algún lado y no fuimos capaces de buscarla, ni siquiera sin ton ni son, ni a tontas ni a locas. (Prefiero a las locas, que a las tontas no las quiero... ¡ni ahí!)

Sin embargo, empero, no obstante, a pesar de, aunque, pero hay cosas que, de suyo, no podrán cambiar, al menos en este mismo minuto.

Para que se convenzan los incrédulos (¡hay tantos!), voy a mostrarles un video corto que ironiza a la perfección este tema, y que se ve mejor en pantalla completa.


Como se advierte con una claridad que perfora las retinas, el papel no sólo no ha muerto sino que anda por ahí vivito y coleando (de cola, ¿alguna duda?).

Esta claridad meridiana (que viene de meridiano, es decir, cuando el sol está justo sobre nosotros, momento al que solemos llamarle "mediodía"), nos muestra, a contrario sensu, que lo sano es, como dijera más arriba, mantener el equilibrio que nunca supimos conseguir, o juremos sin gloria morir.

Quizás sea factible combinar el arrollador avance tecnológico con nuestra condición de seres humanoides, mezcla precaria de animales con una pizca de racionalidad. Quizás sea factible no seguir nuestro viaje rebotando en los extremos, obteniendo moretones a destajo, sino caminando por el medio del sendero.

¡Ojalá que así sea!

NOTA MARGINAL:

Otro título que pensé para este artículo es:

"LA DICHA DE NO SER EMMA"


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